"Nada de agujas, por favor, odio las agujas. Soy un adicto cobarde. Capaz de cualquier daño definitivo, pero temeroso de cualquier daño intermedio." Ray Loriga
He visto con una mezcla de pena y risa la leyenda urbana ,aparentemente bien fundamentada en la experiencia, que los hombres tenemos miedo a las inyecciones, al menos parece ser, en una proporción mayor a las mujeres.
Llegué a esta aparente conclusión navegando por alguna página aquí , un blog aquí e incluso AQUI , no queriendo ahondar más en el asunto y más bien pensando un poco en las preguntas de Nitta (las sensatas, por supuesto). La respuesta es , como muchas cosas en el comportamiento humano, de orígen antropológico.
En el principio de la humanidad, la sociedad nómada se dedicaba a la caza y a la pesca para su subsistencia. Se desarrolla la primera división del trabajo basada en las características fisicas del hombre y de la mujer, estableciéndose las labores de recoleccion de alimentos para los primeros y de administración del lugar de asentamiento y crianza de los hijos, de las segundas.
Con la aparición de la agricultura y ganadería, la humanidad se vió en la necesidad de incrementar las asignaciones de trabajo dividiéndose las labores de protección del terreno hacia los hombres y las de almacenamiento de comida para las mujeres.
Entiéndese entonces porqué las mujeres desarrollaron a traves de miles de años, la capacidad de almacenar y encontrar objetos guardados en lugares de diferente acceso, debido a que su capacidad de micro-búsqueda (si cabe el término) se ha visto desarrollada. El hombre, desarrolló un sentido más bien macro en su entorno, debido a que las labores de caza incluían tener la habilidad de ubicar cualquier movimiento por pequeño que este fuere en un espacio amplio (bosque o selva) dado que esto podría significar el éxito en la localización de la presa.
Las habilidades del cazador, incluían tener la destreza de lanzar el arma de ataque hacia la presa y la capacidad de seguir su movimiento rápidamente en el momento de la posible huída y persecución. Esto desarrolló la capacidad de "seguimiento de un objeto en el espacio" lo cual hace que en el mundo moderno el hombre se sienta atraído hacia el fútbol y otros deportes que impliquen usar esta característica.
Con el aparecimiento de la caza y la defensa del territorio, como es obvio, se desarrollaron armas tales como lanzas, flechas; y, en su evolución, las hachas y espadas. Ya sea para matar una presa o a un adversario, estos objetos implicaban hacer un fuerte daño, por lo que el hombre aprendió a través de miles de años a temer a estos objetos punzantes, temor que se manifiesta en el profundo de la mente, con el rechazo a las agujas. Las mujeres, por supuesto, no desarrollaron este miedo.
Heredado de su antecesor animal se encontraba un mecanismo de defensa que aún se visualiza en animales salvajes: un macho no puede mostrarse enfermo o herido puesto que su enemigo podría ver su debilidad y aprovecharse de ello derrotándole en una batalla y arrebatándole el dominio de la manada. En el hombre antiguo esto también era legítimo puesto que la defensa del territorio se veía comprometida ante el ataque de otra tribu que , al ver que algún miembro estaba enfermo, se aprovechara de la situación más aún si se trataba de una enfermedad contagiosa o pandemia. En el hombre moderno se manifiesta en la actitud irracional de no querer ir al médico.
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